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Actualidad Futbolística

Querido Mariscal

Querido Mariscal, fue un doce de junio cuando vos dijiste basta. Me siento completamente en deuda y siento la necesidad de esbozar al menos unas líneas para descargar la bronca y la impotencia que me da saber que no voy a verte otra vez saliendo de la manga con la cinta de capitán y el escudo de Independiente en el centro de tu corazón.

Debutaste en el 97, se terminaba una década que había sido buena en un principio y de a poco iba a comenzar otra que significaría una de las peores épocas de nuestra historia (sí, comparable con la de tu retiro). Yo era un pibe y dejaba de ver el fútbol como un entretenimiento esporádico a sentirlo como una pasión descontrolada que se mantiene viva al día de hoy.
En esa pasión que se incrementaba, en mis oídos, hasta el hartazgo, sonaban nombres como los de Lecea, «Hacha Brava» Navarro, Enzo Trossero entre otros. Fue ahí cuando apareciste vos, el pibe que con temperamento se ganaba los aplausos y el asombro de todos. Empezaste a demostrar que no necesitabas experiencia para mandar dentro de un campo de juego. La cinta de capitán llegó al poco tiempo, tan sólo a los 20 años. Así supiste dejar bien parado el nombre de Independiente en todos lados.

En medio de una crisis futbolística e institucional, te buscaban de todos lados Boca y Real Madrid por nombrar algunos. Pero acorde a tu idiosincrasia dijiste que no, que te quedabas para ser campeón con el club de tus amores, el que tu abuelo te había enseñado a querer, igual que el mío lo hizo conmigo. Ya con 11 años te disfruté en tu máxima expresión, campeón sin atenuantes en el 2002 y el primer título que veía desde que tenía uso de razón. Fuiste la bandera de un equipo que hoy en día es recordado como los mejores de los últimos campeones argentinos. Cumpliste tu promesa y te fuiste un tiempo después con toda la gloria, el amor y el respeto de una hinchada que se caracterizó siempre por no regalarle ovaciones a cualquiera.

Llegaste a Europa, te discriminaron y volviste a demostrar por qué sos tan grande, la peleaste desde un escalón más abajo y luego recibiste el merecido premio, jugar en el equipo más galardonado durante la última década a nivel mundial. Sin embargo, desde el Viejo Continente, prometiste (como muchos otros) que ibas a volver al club de tus amores, que uno jamás debe olvidarse de donde surgió y cumpliste (como muy pocos).
Volviste cuando te buscaban «equipitos» como Roma, Lazio y Zaragoza. Sí, ya habían pasado casi diez años desde tu ida a Europa y volvías en el 2011 a ganar las copas que el Rey de América siempre estuvo acostumbrado a jugar. La suerte fue esquiva y no pudiste consagrarte. Pero eso no fue todo, a pesar de las críticas malintencionadas de ciertos sectores del periodismo ¡y hasta de algunos «hinchas»! seguiste adelante, pusiste el pecho como lo marca tu historia y demostraste que tu amor hacia Independiente es puro. No obstante, demostraste que tu fidelidad al club no se basaba sólo en lo futbolistico y donaste un gimnasio que tan bien le vino a la institución.

Lamentablemente, una década después de tu máximo logro con el Rojo, le decís adiós al fútbol, nada más y nada menos que con 14 títulos en tu espalda. Querido Mariscal, es inevitable decirte gracias, pero más apenado me siento por no decirte perdón y aprovecho para hacerlo en este momento. Perdón Mariscal, perdón en nombre de todos aquellos que no valoraron tu humildad de irte del mejor club del mundo para venir a entrenar hasta Villa Domínico, perdón por los que te faltaron el respeto diciendo que viniste a robar o que viniste acabado físicamente. Porque vos cumpliste la promesa que muchos se encargaron de hacer y jamás llevaron a la práctica. Y retomo: gracias! Eternas gracias Gabriel Alejandro Milito. Por querer a Independiente como pocos y por saber siempre respetar estos colores como deben ser respetados. Gracias por generar esa ambigua sensación de alegría y tristeza porque volviste y porque te vas tan rápido. Escucharte hablar anunciando tu retiro me entristeció hasta las lágrimas y juro que nunca antes me había pasado. Marcaste una etapa, sos mi primer ídolo de la infancia y nunca vas a dejar de serlo, te deseo mucha suerte en tu nueva etapa y sabés que ésta es tu casa, la que te vio crecer y la que siempre tendrá las puertas abiertas. No te alejes del club, porque gente como vos no abunda y sos de los pocos que pueden sacarnos de las malas.

Gracias QUERIDO MARISCAL.
Con todo mi afecto.

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Enfermo por Independiente. Estudiante de Periodismo y Comunicación Social en UNLP.

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