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Opinión

Sabor a derrota

Tras perder contra Racing de local por 3-1, el Rojo se retiró en silencio, descontando a 23 la diferencia de clásicos ganados.

Con lluvia y un clima especial en el Libertadores De América, los dos equipos salieron a la cancha. «La Academia» estaba por encima de Independiente en números, y más allá de la probable victoria que el Rojo podría haber tenido, los punteros extendieron su diferencia en la tabla de posiciones gracias a los goles de Guillermo Burdisso (en contra), Lisandro López y Matías Zaracho.

Aunque Independiente dominó más la pelota, la presión generada por parte del equipo del «Chacho», dejó traslucir el problema de la defensa y la falta de comunicación entre los jugadores, evidenciando el juego fatídico del plantel de Ariel Holan.

El primer tiempo no fue el esperado por los Rojos, pero le permitió gritar a los hinchas el único gol del local en todo el partido gracias a Fernando Gaibor.

Tras un entretiempo con muchos dichos en redes sociales, junto a la disconformidad de los más exigentes, el segundo tiempo tuvo una mejor cara. El avance del rival se hizo cada vez menor gracias a la presión que el Rojo generó para llegar al arco de Arias e intentar dar vuelta la situación en reiteradas ocasiones.

Sin embargo, nada alcanzó; tras un agarre de remera por parte de Alan Franco hacia Darío Cvitanich, se produjo un penal claro, que, por supuesto, lo pateó el capitán del rival: Lisandro López. La presión de los defensores se acrecentó por no conseguir un control adecuado y fue de una calidad «baja».

Hasta el segundo gol, para dejar el partido el 2-1 a favor de Racing, el clima del local venía siendo más alentador, y para el árbitro, Néstor Pitana, no fue más que una simple repartición de tarjetas para dos equipos que calentaban el juego con empujones y patadas.

La defensa de Independiente no tuvo la fuerza necesaria, y el ataque se afianzó cuando entró Jonathan Menendez por Gonzalo Verón (ambos de un muy buen partido), lo que le permitió al Rojo no darle respiro por unos largos minutos ni al arquero Arias ni a la defensa del «vecino», y que demostró una gran intensidad en algunas jugadas.

Además, la posición más baja de Martín Benítez y la participación activa de Fabricio Bustos, le dieron un mejor enfoque a las llegadas de ataque.

Otro de los jugadores que no perdió su calidad fue Cecilio Domínguez, que atacó constantemente y permitió la generación de aperturas y llegadas limpias al área rival.

El último gol, o «el colmo», fue desatado tras la salida de Martín Campaña hacia el área rival para intentar convertir el empate agónico de la noche, y sin embargo, una recuperación dejó en jaque al arco, dándole a Matías Zaracho la posibilidad de marcar el último gol de la noche.

El clásico que «siempre se debe ganar» dejó dos cuestiones opuestas totalmente relacionadas: fue la derrota más molesta de la Superliga, y el mejor partido del año por lo que va del 2019. La búsqueda de juego y la pérdida de partidos son, indudablemente, el problema que tanto el cuerpo técnico como los jugadores deberán evaluar para enfrentar a los próximos equipos y para dejar un poco de esperanza para la clasificación a la Copa Libertadores.

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