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Todos los 22 de diciembre se recuerda una fecha especial para los hinchas del «rojo» ya que agregaba un nuevo título nacional a sus vitrinas y, como yapa, condenó a su clásico rival a pasar dos años en la B Nacional ¿Cómo fue aquella tarde de verano? Acá te lo contamos.

El 22 de diciembre de 1983 se disputaba la última fecha del Campeonato Metropolitano de Primera División. Independiente llegaba como líder, perseguido a un punto por San Lorenzo y Ferro. Los Rojos recibían en la Doble Visera a Racing, que pocos días antes había perdido la categoría.

Aquella tarde salieron a la cancha:

Independiente: Moriconi, Clausen, Villaverde, Trossero, Zimmerman; Giusti, Marangoni, Bochini, Burruchaga; Sánchez, Percudani. DT: Pastoriza

Racing: Rodríguez, Solari, Castello, Veloso, Campos Aquino; Caldeiro, Urán, De Andrade Matuszyczk; Lozano, Larrachado. DT: Pizzuti

Los dirigidos por Pastoriza, para consagrarse sin depender de otros resultados, necesitaban ganar. Y fue esta situación la que, acaso, generó una presión extra en los jugadores, que se mostraron atados durante gran parte del primer tiempo. Y ante un Racing que hacía lo que podía –que era muy poco- el partido se hacía trabado y con poco ritmo.

El nudo del encuentro solo podía ser desatado por un jugador distinto. Y, por suerte para los de camiseta colorada, Ricardo Bochini estaba en la cancha. Así fue como, sobre los 43 minutos, ingresó por el medio, “imaginó” la entrada a la carrera de Giusti sobre la derecha y se la sirvió en bandeja para el derechazo cruzado del Gringo, a media altura, inatajable. 1 a 0.

Los dueños de casa salieron a disputar la segunda mitad con el ánimo por las nubes, tanto por el triunfo parcial que significaba el título como por el hecho de que sus perseguidores iban perdiendo y empatando respectivamente.

Iban sólo 5 minutos de la etapa complementaria cuando el zaguero Trossero, impulsado por su natural tendencia a pasar al ataque, arrancó con pelota dominada desde el fondo y sacó un  zurdazo potente y preciso desde 25 metros que se clavó abajo, sobre el palo izquierdo de Rodríguez que nada tuvo que hacer. 2 a 0.

Entonces sí, el Rey de Copas se terminó de soltar y mostró parte del repertorio que lo había llevado al sitial de privilegio: rotación, circulación de pelota, respeto por el juego colectivo y solidaridad para defender. Sin el brillo de otras ocasiones pero manteniendo la propuesta de siempre.

Los minutos finales mostraron a un Independiente dominador,  jugando a media máquina,  teniendo en cuenta la ventaja obtenida y la débil oposición de un adversario que quería irse a las duchas lo antes posible.  En las tribunas todo era fiesta desde hacía rato, y cuando Carlos Espósito señaló el centro de la cancha, la algarabía se trasladó al césped. El Metro 83 tenía nuevo campeón.

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