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La máquina de hacer goles

Mi abuelo siempre dice que hubo un trío de futbolistas que fueron los más grandes de todos los tiempos. Los tres jugaron en Independiente. “Arsenio Erico, Vicente dela Matay Antonio Sastre son inigualables, no se comparan con nada”, recuerda él con una sonrisa que va de oreja a oreja. Uno de esos astros es el máximo goleador de la historia del fútbol argentino. Algunos le dan 293 tantos, mientras que una reciente investigación del historiador y vicepresidente de Independiente, Claudio Keblatis, asegura que convirtió 295.

Arsenio Erico nació en Asunción el 30 de marzo de 1915. Llegó a Independiente en 1934, procedente de Nacional de Paraguay. En 1932 estallóla Guerradel Chacho entre Paraguay y Bolivia, y como Erico no tenía la edad necesaria como para ser enrolado por el Ejército, le permitieron acompañar a la selección dela CruzRojaa una gira para recaudar fondos. Allí deslumbró a dirigentes de Independiente y River. Los de Avellaneda quisieron contratarlo muy rápidamente, pero como Erico era menor de edad, un teniente coronel les explicó a los dirigentes que no podían ceder el pase ya que podían declarar al delantero como desertor. Fue por eso que el club argentino le consiguió un permiso especial y lo incorporó por la suma de 12 mil pesos que fueron pagados al Nacional de Asunción.

 Con tan sólo 19 años, debutó para Independiente el 6 de mayo de 1934 ante Boca Juniors. Ese día no marcó goles. Sin embargo, en la siguiente fecha se revindicó ante Chacarita y anotó su primer gol para el club de Avellaneda.

Entre 1937 y 1939, el paraguayo anotó 130 goles en 96 partidos, logrando los campeonatos de 1938 y 1939 respectivamente. En 1942, tuvo algunas diferencias con dirigentes de Independiente y se alejó del club por un campeonato. Fue entonces cuando le dio un título a Nacional de Asunción, saldando así una vieja deuda personal y familiar. Al año siguiente, a Erico le hicieron un nuevo contrato y volvió al “Rojo de Avellaneda”. Si bien no volvió a salir campeón, su capacidad goleadora apenas empezó a menguar en 1946 cuando su tobillo estaba hecho añicos. Posteriorimente, Erico jugó 7 partidos en Huracán y concluyó su carrera en Nacional de Paraguay.

Según Alfredo di Stéfano, ex futbolista de River y Real Madrid, “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable. Todo lo que engloban, sin exagerar, las cinco letras de la palabra crack. Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista”.

Para Francisco “Pancho” Varallo, ex goleador de Boca y Gimnasia y Esgrima dela Plata, “Arsenio Erico fue un fenómeno como jugador además de ser un señor como persona. Su mejor arma era cuando saltaba. Les ganaba a los arqueros y metía todos los goles de cabeza. No era como Bernabé Ferreyra de hacer goles espectaculares, pero siempre estaba ahí. Cualquier rebote, cualquier pelota que le quedaba, era gol. Le pegaba bien y de cabeza era un fenómeno”.

Vale la pena transcribir la descripción que hizo el periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, sobre el goleador paraguayo: “Él tenía, escondidos en el cuerpo, resortes secretos. Saltaba el muy brujo sin tomar impulso, y su cabeza llegaba siempre más alto que las manos del arquero, y cuando más dormidas parecían sus piernas, con más fuerza descargaban de pronto latigazos al gol. Con frecuencia, Erico azotaba de taquito. No hubo taco más certero en la historia del fútbol. Cuando Erico no hacía goles, los ofrecía, servidos, a sus compañeros”

Una de las mejores anécdotas de Erico sucedió en 1938. Cigarrillos 43, una marca de aquella época, le daba un premio en efectivo al jugador que realizara ese mismo número de conquistas. Faltaban 2 fechas para la finalización del campeonato y el paraguayo ya había alcanzado esa marca. Por ese motivo, el goleador, ante cada posibilidad de convertir un gol, dejaba que lo hiciera alguno de sus compañeros ya que no quería perder el premio.

Pese a que fue el mejor futbolista paraguayo de toda la historia, jamás pudo jugar para su seleccionado.La Argentina pretendió nacionalizarlo en la previa a la Copa del Mundo de 1938, pero Erico se negó porque no podía olvidarse de sus raíces guaraníes.

Tras retirarse como jugador, tuvo una brevísima carrera como entrenador. Luego fijó su residencia en la Argentina, se casó en 1960 y no tuvo hijos.

Erico murió el 23 de julio de 1977, luego de haber tenido problemas sanguíneos por la amputación de su pierna izquierda.  Independiente se hizo cargo de los gastos del sepelio y una multitud acompañó a su ídolo desde Avellaneda hasta el cementerio de Morón.  En 2010, el ataúd con los restos de Erico fueron repatriados al Paraguay y trasladados a un mausoleo construido en el estado Defensores del Chacho.

 

 

 

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